





Disculpad que no siempre consiga personal de la misma talla para simular a la Comandante genial que es Lucía.
Mi delito me condena y estoy al borde de la muerte (comprendedme o ignoradme pero no olvidéis quien tiene el poder absoluto en este mundo para lograr que la civilización no retroceda al siglo XIV).
No soy yo, es Lucía Angélica.
Ella confió en mí y yo no sirvo ni para espantar moscas (y eso que el olor de mis sobacos es nauseabundo e insuperable y tengo aliento a ajo de comida de canasta de chino en la calle Preciados).
No hay comentarios:
Publicar un comentario